Psicofeedback nace de la especialización en neurofeedback, QEEG y neuromodulación aplicadas al bienestar cerebral y emocional. Detrás del proyecto está Alejandro Fernández Cubo, neuropsicólogo y psicoterapeuta, cuyo trabajo combina el rigor de la evidencia científica con un trato cercano y personalizado en cada sesión.
La propuesta parte de una idea sencilla: el cerebro puede entrenarse. A través de la corrección de mapas QEEG y de protocolos de neurofeedback basados en el método Othmer, cada plan de tratamiento se diseña a partir de datos objetivos, no de suposiciones — lo que permite abordar con precisión desde la ansiedad y el TDAH hasta procesos de trauma o evaluación neuropsicológica.
Psicofeedback trabaja tanto con pacientes que buscan mejorar su bienestar diario, como con otros profesionales del sector que quieren formarse o incorporar el neurofeedback a su propia práctica clínica. Esta doble vertiente —terapia y formación— convierte al proyecto en un punto de encuentro entre la ciencia del cerebro y su aplicación real, tanto dentro como fuera de la consulta.
Cada intervención, desde la psicoterapia hasta el EMDR o la evaluación neuropsicológica, se plantea desde el mismo principio: medir antes de intervenir, y ajustar el proceso a partir de lo que muestran los datos, no de fórmulas genéricas. Así, cada caso recibe un enfoque adaptado a su propia realidad clínica.
El objetivo final es siempre el mismo: convertir el conocimiento técnico sobre el cerebro en resultados que se noten en el día a día — en la concentración, en la gestión emocional, en el descanso, y en la calidad de vida general de quien confía en este trabajo.
El neurofeedback traduce la actividad cerebral en información que el propio cerebro puede usar para autorregularse, sesión tras sesión.
Se mide la actividad eléctrica cerebral mediante electrodos no invasivos.
Los datos se analizan para identificar patrones y zonas a trabajar.
Cada plan de entrenamiento se diseña según el mapa cerebral individual.
El cerebro recibe una señal (visual o sonora) que refuerza el patrón deseado.
Con la repetición, el cerebro aprende a autorregularse de forma natural.
Nuevas mediciones confirman la evolución y ajustan el protocolo si hace falta.